Filosofía de la Conciencia: Sueño, Psicosis y Expansión del Ser

Desde la perspectiva filosófica y transdisciplinaria, los sueños y los estados psicóticos lúcidos pueden entenderse no solo como alteraciones de la mente, sino como formas alternativas de acceso a niveles más profundos de conciencia. Norman Cameron observó que el soñar se asemeja a una psicosis temporal: el individuo desconecta de la realidad objetiva para sumergirse en el mundo simbólico del inconsciente. Sin embargo, desde una mirada más amplia, esta desconexión podría representar un puente entre dimensiones del ser, donde la mente trasciende los límites de la percepción ordinaria.

La Nueva Medicina Germana de Hamer complementa esta visión al proponer que el cerebro responde a conflictos emocionales mediante programas biológicos. Cuando dichos conflictos afectan ambos hemisferios —lo que él llama constelación— el individuo experimenta visiones, voces o pensamientos que parecen provenir de otro plano. Desde este enfoque, la psicosis no es un error, sino una fase de reorganización y curación: el cerebro intenta reequilibrar su red neuronal y liberar memorias emocionales bloqueadas.

Ahora bien, si se mira desde una filosofía de la conciencia ampliada, podría pensarse que en esos momentos el individuo accede a capas de memoria transpersonal o incluso a recuerdos de otras existencias. Tal vez lo que la psiquiatría denomina “delirio” sea una experiencia de conciencia expandida que el sistema nervioso no logra traducir correctamente al lenguaje racional. Los sueños, las visiones místicas y las experiencias psicóticas tendrían en común el abrir una ventana a un campo de información más vasto, donde pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente.

Incluso los estados inducidos por drogas o hipnosis parecen replicar este fenómeno: al reducir la actividad del yo racional, la mente entra en trance y percibe realidades simbólicas, energéticas o espirituales. En ese sentido, las sustancias visionarias no “distorsionan” la realidad, sino que remueven los filtros perceptivos que normalmente limitan la experiencia consciente.

En conclusión, lo que se cataloga como anormal, delirante o místico podría ser una manifestación del potencial latente del cerebro humano. Tal vez el sueño, la psicosis, la meditación o la alucinación no sean más que diferentes puertas hacia el mismo territorio interior: la expansión de la conciencia y el intento del ser humano por recordar quién es más allá de los límites del tiempo y del cuerpo.

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